miércoles, 15 de octubre de 2014
Alicia Kirchner firmó un acta para generar una red de solidaridad en todo el país
sábado, 25 de mayo de 2013
Carlos Raimundi - ¿Qué es un cambio de paradigma?
Qué significa para un país como el nuestro, tal vez el país latinoamericano que más había olvidado mirar hacia sus raíces indoamericanas, que hoy sienta como propio el destino de pueblos hermanos como el de Bolivia, Venezuela o Ecuador? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa que Cuba presida la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), pese a estar bloqueada hace más de medio siglo por los EE UU y aislada de la pro estadounidense Organización de los Estados Americanos? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa, que, después de haber privatizado, en los noventa, las principales palancas estratégicas de nuestra economía con amplio consentimiento social, hoy se valoren las políticas públicas, la intervención del Estado en el proceso productivo y su papel reparador de desigualdades sociales estructurales? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa el remplazo de la fracasada idea de que el solo crecimiento traería la igualdad, por el principio rector de que es desde la igualdad y la cohesión social que vendrán el crecimiento y el desarrollo? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa para miles y miles de jóvenes haber pasado de la apatía y el desprecio por la política que llevan a conductas individualistas, a la esperanza, la militancia y el sentido de pertenencia a un colectivo político y social? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa haber aceptado durante décadas la resignación de que era en vano luchar contra poderes que parecían inexpugnables, y que desde esa omnipotencia sometieron a las mayorías populares, y saber ahora que la voluntad, la decisión y el compromiso de un pueblo tienen la fuerza para sobreponerse a esa dominación? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa haber puesto en debate la democratización de instituciones que parecían intocables como la gran prensa y el poder judicial? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa que hoy la visión clásica de la división de los poderes tradicionales, se ubique en un mismo plano de discusión junto con otra división de poderes muy concreta, como la que existe entre las grandes corporaciones y los llamados poderes fácticos permanentes y las instituciones que visibilizan nuevos sujetos históricamente postergados, y crean empoderamiento popular? Significa un profundo cambio de paradigma.
Un paradigma es, entre sus tantas definiciones, una especie de eje ordenador de creencias y valores, alrededor de las cuales una porción determinante de una sociedad construye su "cosmovisión" sobre un tema o cuestión.
Así, una parte importante de la sociedad argentina fue construyendo sus paradigmas políticos tradicionales, como que "somos más parecidos a Europa que a esos negritos latinoamericanos", "todo lo que viene del Estado es corrupto e ineficiente", "la política es una porquería y los políticos son todos chorros", "pobres habrá siempre, y, de última, si son pobres será porque no laburan", "no te metas con los poderosos porque nunca les vas a ganar", "es verdad porque lo vi por televisión".
Y esto para no mencionar otros de consecuencias más atroces aun, como "si desaparecieron es porque algo habrán hecho".
Ahora bien, todo paradigma político no viene del azar, sino que responde a causas y condicionamientos históricos y culturales, entre otros.
Y, además, proviene de intereses muy concretos impuestos por los poderes hegemónicos de una sociedad, para justificar y sostener precisamente esos intereses y esa posición dominante.
No son neutros, no son ingenuos, no son inocuos. Favorecen los intereses de algunos y perjudican los de otros.
A juzgar por las etapas atravesadas por la Argentina y la suerte de sus ciudadanos y ciudadanas más humildes, está claro desde qué tipo de intereses provenían esos viejos paradigmas, y a qué proyecto de país favorecieron.
La Argentina atravesó, en las últimas cinco décadas del siglo pasado por la proscripción de las mayorías, por una Constitución Nacional reformada en 1957 desde la ilegitimidad de las minorías, por golpes de Estado en 1955, 1962, 1966 y 1976, por ajustes y devaluaciones feroces, por una guerra contra una potencia planteada desde la irracionalidad, y por una casi guerra con un pueblo hermano. Incluso a partir de 1983, cuando recuperamos nuestra vida institucional, se profundizaron indicadores de desocupación, pobreza y endeudamiento, que cambiaron el perfil de una sociedad cohesionada, de la que supimos sentirnos orgullosos.
Y, durante todo ese tiempo, lo que podríamos llamar –con el riesgo que implica toda simplificación– el "promedio cultural" de una parte muy influyente de nuestra sociedad, se apoyó en aquellos paradigmas mencionados, aun cuando teníamos ante las narices su ineficacia y su cinismo.
EL DÓLAR COMO HERRAMIENTA POLÍTICA.
Si el movimiento de una variable económica se torna demasiado abrupto, nunca responde a causas estrictamente técnicas, sino políticas. No hay razón económica para la variación de 20 o 30 puntos de una cotización en pocos días.
La causa es la intención de dar un golpe de mercado. Sucedió con la hiperinflación que detonó la caída de Raúl Alfonsín en julio de 1989, que trepó a 200% ¡mensual! para caer a un dígito una vez acordada su renuncia. Sucedía con el reloj de taxi con que Bernardo Neustadt graficaba en su programa de TV las pérdidas del Estado por el manejo de los ferrocarriles.
Y hoy intentan obtener los mismos resultados con la cotización del dólar ilegal.
Lo que es increíble, y, aunque suene presuntuoso, es que no hayamos aprendido.
O que todavía tantas ciudadanas y tantos ciudadanos no se hayan dado cuenta.
Que no recuerden cuáles son los recursos catastrofistas que utiliza el poder económico, y que no recuerden cómo muchas y muchos ciudadanos de clase media son utilizados como escudo del proyecto de país de la oligarquía, que sabe el efecto propagador que suscita el malestar de ciertos sectores medios, pero que luego de utilizarlos para crear esos climas, si volvieran al gobierno, volverían a aplicar políticas de las cuales esos mismos sectores medios estarían entre los principales perjudicados.
Lo que debemos repetir hasta el cansancio, es que la administración del país asumida el 25 de mayo de 2003, cambió también este otro paradigma de política económica. Es decir, hoy "las decisiones se toman en la Casa de Gobierno".
Y hoy, aquellas "variables macroeconómicas" que históricamente nos ponían en una situación de alta vulnerabilidad (endeudamiento externo, condicionalidades a nuestra economía impuestas desde el exterior, escasez de divisas, déficit fiscal y comercial), están por primera vez en muchas décadas en manos del Estado, lo cual cambia el nivel de gravedad de los problemas de la economía.
No estamos diciendo que la economía no presente problemas –que siempre los presenta-– sino que hoy los problemas se resuelven a partir de decisiones soberanas y no generan riesgo de desmadre del cuadro económico general, como en las anteriores etapas de nuestra historia económica reciente.
Entre el 1° de enero de 1970 y el 2 de abril de 1991, a la unidad monetaria argentina se le agregaron trece "ceros".
Es decir, un peso de los creados en 1991 junto a la convertibilidad, equivalía nominalmente a 10.000.000.000.000 pesos moneda nacional.
La cifra resulta ininteligible, pero útil para demostrar que hubo causas más que suficientes para que muchísimos compatriotas de buena fe se refugiaran en una moneda como el dólar como reserva de valor.
Y a esto hay que sumar, entre otras cosas, la creación de más de una decena de cuasimonedas (como los lecop, los lepac, los patacones y tantas otras monedas provinciales), que fueron rescatadas bajo la presidencia de Néstor Kirchner.
Quiere decir, entonces, que no todas las personas que atesoraron dólares a lo largo de todo ese calvario económico y social, pueden considerarse evasores o evasoras en términos clásicos, y mucho menos lavadores o lavadoras de dinero.
infonews.com

miércoles, 15 de agosto de 2012
Lorenzino: "Néstor cambió el paradigma"
El titular de Economía destacó el rol del ex presidente para recuperar la soberanía política.
A diferencia de lo sucedido en la década del noventa, cuando la Argentina se endeudaba para financiar el déficit fiscal, con la llegada al poder del ex presidente Néstor Kirchner cambió el paradigma a partir de políticas de Estado que nos permitieron recuperar la soberanía política", indicó el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, al participar de la apertura del seminario de deuda soberana organizada por la UBA."La estatización de los fondos de pensión, la Aignación Universal por Hijo y la recuperación de YPF no hubieran sido posibles bajo las recetas del FMI", explicó Lorenzino.
El funcionario hizo un recorrido por los principales "hitos" en el proceso de desendeudamiento, como la emisión de los BODEN y la cancelación de la deuda con el FMI, a la que consideró una decisión de vital trascendencia "si vemos lo que está pasando en Europa, que no es otra cosa que la reincidencia de las mismas recetas".
Según Lorenzino, la otra "gran batalla" tuvo que ver con la política de afrontar los vencimientos con reservas del Banco Central, y no a través del financiamiento en el mercado de capitales.
El titular del Palacio de Hacienda destacó el resultado de la segunda etapa del canje, que alcanzó una adhesión del 93%, quedando solamente el reclamo de los fondos buitre.
"Estos fondos buitre no son los viejitos que en 2001 se encontraron con el default", explicó el funcionario, "sino fondos que compraron barato para después cobrar muy caro". «
tiempo.infonews.com
jueves, 19 de julio de 2012
Transparencia digital: el paradigma inevitable
sábado, 11 de febrero de 2012
Los paradigmas que ya no son
El paradigma
domingo, 27 de noviembre de 2011
Un cambio de paradigma
Democratización en la comunicación
Pluralidad vs. concentración
Desde América latina
miércoles, 2 de junio de 2010
Vida sintética

Hace pocos días Hawking anunciaba la existencia de extraterrestres semejantes en su visión cultural a los humanos; a esta especie que se elimina a sí misma.
Hoy han desarrollado la primera estructura viva basada en unADN artificial. Craig Venter, el mismo que descifró el genoma humano, ha producido ahora la bacteria M. mycoides JCVI-syn1.0, que espera pueda ser parte esencial de un organismo más complejo que pueda atrapar el dióxido de carbono para producir tipos diferentes de hidrocarburos, es decir, combustibles.
Una célula sintética fabricada desde un cromosoma sintético. Es decir, una bacteria con vida propia. Se reproduce a sí misma, lo que la haría una fuente inagotable de energía.
No se ha creado vida, sólo se ha creado “un motor óptimo”, pero no es vida, ha dicho Lombardi, vocero del Vaticano. Julian Savulescu, profesor de ética práctica en la Universidad de Oxford, ha alertado la problemática ética de la “usurpación” de la vida,yendo hacia el camino de Dios.
A John Sulston, Nobel de Medicina 2002 y que fuera parte en secuenciar el genoma humano con Venter, le preocupa la mirada mercantil, ya que la comunidad científica no podrá ser parte y resguardar el desarrollo de este descubrimiento-invención de la codicia empresarial de la cual acusan a Craig Venter. Paradójicamente, y haciendo alusión a la capacidad de “dar vida”, Venter significa vientre (venter-ventris) en bajo latín (benedictus fructus ventri tui Jesu Sancta María Virgine), que estudió en el Colegio San Mateo, lo que nos recuerda al apóstol recaudador de impuestos y cuyo nombre significa “don de Dios”.
Somos testigos de uno de los pasos más trascendentales.
Nada se lo compara. Ni el supuesto alunizaje, ni la invención de la penicilina ni la de internet. Nada.
Estamos en la puerta de una fuerza tan impredecible y misteriosa como los hoyos negros de Hawking o la teoría del Big Bang que hoy se experimenta colisionando hadrones para “ver” cómo se inició el universo. Ésta es una era de misterios cabalísticos develados, de mitos hallados y de dioses caídos.
Estamos en la era iconoclasta, en la que estamos cambiando o destruyendo todo lo establecido; la cultura de miles de años para reformular una nueva visión de la humanidad cimentando una cultura mesiánica.
Ya no estamos para procrear. Estamos para crear.
Fines del siglo XX y comienzos del XXI serán para nuestra historia universal como lo fueron las eras del cristianismo, confucionismo, budismo o mahometanismo, en el sentido de ser tiempos fundacionales de nuevas culturas.
La visión occidental no nos ha preparado para estos quiebres de paradigmas. La creación, Dios, la ética y el amor como eje conductor parecen ya ser símbolos del pasado reciente.
Sismólogos sorprendidos por los movimientos telúricos del mundo asegurando que no tienen que ver unos con otros. Científicos escépticos con la vida sintética, pero fundamentando el ateísmo absoluto.
Otros creyentes de un Dios cósmico de armonía y caos.
Sin embargo, el efecto mariposa en lo natural, el genoma, los ciclos, ni la más simple cadena trófica les dice algo a algunos asustados de su ignorancia de la naturaleza y de la misma evidencia que muestra. ¿Qué quiero decir? Lo obvio: todo es un sistema que mantiene el equilibrio del universo.
Nuestra especie llegará invariablemente al exterminio si no ponemos ese equilibrio a guiarnos.
Da lo mismo cuánto avancemos, lo importante es qué haremos con la libertad que nos dan las ciencias.
Sus revoluciones de hoy no son los cambios de antaño. Son giros dramáticos de la cosmovisión guardada por siglos. Dios se nos aleja más mientras más lejos lleguemos con nuestras certezas.
¿Podremos vencer la codicia y el egoísmo para pasar al desarrollo sin destruirnos en el proceso del postcrecimiento de nuestras sociedades? ¿Puede la verdad de la ciencia sostenernos éticamente como la verdad de Dios? ¿Puede la ausencia del temor y respeto a un Dios transformar el sentido del amor en un factor ideológico y por tal sustituible? ¿Serán esas propias virtudes que los materialistas creen las que nos llevarán más lejos y a la aniquilación? ¿Algún día vamos a llegar a lo que entendemos por alma?
La Nación Por Orlando Alfonso Olave
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