domingo, 27 de noviembre de 2011

Un cambio de paradigma


Con la participación de un importante número de especialistas en comunicación y con prólogo de Gabriel Mariotto, la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), en colaboración con la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, editó un libro con la finalidad de explicar los alcances de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, dos años después de su aprobación, algunos de cuyos fragmentos anticipa Página/12 en forma exclusiva. 
El texto, que está próximo a ponerse en circulación en las librerías del país, se titula Ley 26.522. Hacia un nuevo paradigma en comunicación audiovisual y fue coordinado por Mariana Baranchuk y Javier Rodríguez Usé.
En el prólogo de la obra el presidente del Afsca, Gabriel Mariotto, sostiene que la ley de SCA “es, por sobre todas las cosas, un cambio de paradigma en la comunicación, que va de la censura a la libertad y desde la información como mercancía hasta la información como derecho humano”. 
Y agrega, que a partir del nuevo ordenamiento legal, “donde antes había restricciones afianzando la exclusión y los privilegios, la nueva ley reconoció derechos, fundando inclusión, donde había voces únicas, oligopólicas, poderes fácticos escondidos entre bambalinas, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual incorporó los conceptos de pluralidad, diversidad y participación”.

Democratización en la comunicación

Para Mariana Baranchuk, licenciada en Ciencias de la Comunicación y asesora del Afsca, “la Ley 26.522 significó un paso sustancial en el camino hacia la democratización de las comunicación en la Argentina”, porque “con ella se garantiza la entrada de nuevos y diversos prestadores; se pone un tope a la concentración impidiendo prácticas monopólicas; se estimula la producción propia y la de terceros a partir de la implementación de cuotas de pantalla promoviendo así la producción de contenidos regionales; se asegura el acceso al disfrute de los bienes simbólicos propios de la cultura popular; se resguardan las fuentes de trabajo; se estimula la creación de nuevos puestos laborales para los trabajadores de la comunicación y la cultura; se protegen explícitamente los derechos de niños, niñas y adolescentes; se reconoce el derecho a la comunicación con identidad de los pueblos originarios y se fortalecen los medios públicos sacándolos del espacio subsidiario al que las reglas del mercado habían relegado”.
Javier Rodríguez Usé, licenciado en Letras de la UBA y asesor de la Afsca, escribe sobre la importancia del proceso participativo y de debate, señalado como una de las columnas vertebrales sobre las que se apoya la ley. 
“Los Foros Participativos de Consulta Pública permitieron recorrer el país recolectando múltiples aportes, funcionando como una eficaz herramienta de resonancia social”, asegura.
Damián Loreti, abogado y doctor en Comunicación, ex director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA y uno de los principales artífices del andamiaje legal de la norma, aporta un capítulo destinado a “indicar las principales fuentes de principios de libertad de expresión que marcan los estándares de interpretación de la ley” con el propósito de “dirimir si dicho texto es respetuoso de los principios emergentes de las autoridades doctrinarias o legales del sistema de derechos humanos”. 
En su trabajo Loreti hace un muy fundamentado análisis de muchas de las objeciones que se hacen a la norma, para concluir que “los cuestionamientos a la ley no surgieron por violación a la libertad de expresión presente o presunta”, sino por “afectación a intereses monopólicos u oligopólicos”. 
Y agrega Loreti que “se ha dicho que afectan intereses. Es cierto. Una ley de la democracia no es inocua. Pero ello no importa que del texto de la LSCA no se respeten los estándares de libertad de expresión propuestos por los diversos cuerpos legales o doctrinarios del sistema regional o internacional de los derechos humanos”.

Pluralidad vs. concentración

Para Diego de Charras, investigador y docente de Ciencias de la Comunicación de la UBA, la ley contribuye en forma decisiva a ponerle límites a la concentración, “si se considera que los medios conforman un espacio privilegiado de constitución del significado de lo público, donde la disputa por el sentido conforma la percepción de la realidad social y política y desde donde se jerarquiza la agenda pública de necesidades a ser atendidas, la preocupación por la pluralidad de voces se torna un eje imprescindible”. 
Afirma De Charras que “la ley refleja lo más actual de la legislación comparada internacional, superando en muchos aspectos aun a las legislaciones más avanzadas. 
¿Ello implica que no es mejorable? 
De ninguna manera, pero es importante señalar que debe ser pensada como una norma que reglará, o debería hacerlo, el sistema de medios argentinos por varias décadas y, en este punto, cualquier referencia a la coyuntura política argentina resulta vana”.
Gustavo Bulla, docente de la UBA y la UNLZ y funcionario de la Afsca, rescata que se trata de una ley “construida de abajo hacia arriba”, por los “21 puntos para radiodifusión democrática” que fueron el punto de partida “a través del cual casi tres centenares de organizaciones sociales y de medios comunitarios, sindicales, de derechos humanos, de la economía social e instituciones académicas –entre otras– supieron deponer diferencias secundarias y concentrarse en la síntesis de los acuerdos estratégicos respecto de cómo debería ser a futuro un sistema de radio y televisión que incluya a todos y todas”. 
Agrega que “no se trató necesariamente de un ejercicio de imaginación política”, sino que más bien “la tarea se centró en la sedimentación y articulación de las mejores experiencias acumuladas por el movimiento popular desde el retorno de la democracia”.

Desde América latina

El brasileño Denis de Moraes, doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro e investigador del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de su país, aporta una mirada y una valoración desde América latina al analizar la Ley 26.522. Sostiene que “el actual proceso de transformaciones políticas, socioeconómicas y culturales en América latina tiene, en la LSCA de la Argentina, uno de sus marcos más significativos”. 
Al fundamentarlo agrega que “por primera vez en la historia de la región, un país formula, aprueba y hace cumplir una legislación que protege y valoriza la diversidad informativa y cultural, a través de un marco regulatorio democráticamente discutido e instituido”. Y agrega que “lo que parecía ser un ideal distante, casi impracticable, se convirtió en una certeza que comenzó a esparcirse por el continente. 
Se trata de un proceso que hace converger las voluntades transformadoras de los estados con la de amplios segmentos de la sociedad civil”. 
Y sostiene también que “la nueva ley trajo el convencimiento de que es viable el conocido dicho ‘otra comunicación es posible’, descentralizada y plural, conquistada en forma equilibrada y participativa”.
A lo largo de sus 250 páginas, el libro reúne aportes de otros destacados especialistas en el tema de la comunicación. Alejandro Verano, director de RTA y ex decano de la Facultad de Periodismo de la UNLP, escribe sobre el resurgimiento de la comunicación audiovisual pública; Eduardo Seminara, sobre el lugar de los medios universitarios; Claudia Villamayor, acerca de la visibilización de los pueblos originarios; Ernesto Lamas, sobre los medios comunitarios y su merecido reconocimiento y Gustavo Granero, sobre el aporte de los gremios de la comunicación y la cultura. 
En otro apartado, Susana Veleggia reflexiona sobre el lugar que la ley le da a la promoción de los derechos de los niños, niñas y adolescentes y los jóvenes y Myriam Pelazas subraya que han sido tomadas en cuenta las voces de las mujeres, de las personas que poseen discapacidad y de los sectores sociales de bajos recursos. 
Manuel Chaparro, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, aporta una mirada europea sobre medios y ciudadanía.
Por Washington Uranga
pagina12.com.ar

miércoles, 2 de junio de 2010

Vida sintética


Estamos en la era iconoclasta, en la que estamos cambiando o destruyendo todo lo establecido; la cultura de miles de años para reformular una nueva visión de la humanidad cimentando una cultura mesiánica. Ya no estamos para procrear. Estamos para crear.

Hace pocos días Hawking anunciaba la existencia de extraterrestres semejantes en su visión cultural a los humanos; a esta especie que se elimina a sí misma.

Hoy han desarrollado la primera estructura viva basada en unADN artificial. Craig Venter, el mismo que descifró el genoma humano, ha producido ahora la bacteria M. mycoides JCVI-syn1.0, que espera pueda ser parte esencial de un organismo más complejo que pueda atrapar el dióxido de carbono para producir tipos diferentes de hidrocarburos, es decir, combustibles.

Una célula sintética fabricada desde un cromosoma sintético. Es decir, una bacteria con vida propia. Se reproduce a sí misma, lo que la haría una fuente inagotable de energía.

No se ha creado vida, sólo se ha creado “un motor óptimo”, pero no es vida, ha dicho Lombardi, vocero del Vaticano. Julian Savulescu, profesor de ética práctica en la Universidad de Oxford, ha alertado la problemática ética de la “usurpación” de la vida,yendo hacia el camino de Dios.

A John Sulston, Nobel de Medicina 2002 y que fuera parte en secuenciar el genoma humano con Venter, le preocupa la mirada mercantil, ya que la comunidad científica no podrá ser parte y resguardar el desarrollo de este descubrimiento-invención de la codicia empresarial de la cual acusan a Craig Venter. Paradójicamente, y haciendo alusión a la capacidad de “dar vida”, Venter significa vientre (venter-ventris) en bajo latín (benedictus fructus ventri tui Jesu Sancta María Virgine), que estudió en el Colegio San Mateo, lo que nos recuerda al apóstol recaudador de impuestos y cuyo nombre significa “don de Dios”.

Somos testigos de uno de los pasos más trascendentales.

Nada se lo compara. Ni el supuesto alunizaje, ni la invención de la penicilina ni la de internet. Nada.

Estamos en la puerta de una fuerza tan impredecible y misteriosa como los hoyos negros de Hawking o la teoría del Big Bang que hoy se experimenta colisionando hadrones para “ver” cómo se inició el universo. Ésta es una era de misterios cabalísticos develados, de mitos hallados y de dioses caídos.

Estamos en la era iconoclasta, en la que estamos cambiando o destruyendo todo lo establecido; la cultura de miles de años para reformular una nueva visión de la humanidad cimentando una cultura mesiánica.

Ya no estamos para procrear. Estamos para crear.

Fines del siglo XX y comienzos del XXI serán para nuestra historia universal como lo fueron las eras del cristianismo, confucionismo, budismo o mahometanismo, en el sentido de ser tiempos fundacionales de nuevas culturas.

La visión occidental no nos ha preparado para estos quiebres de paradigmas. La creación, Dios, la ética y el amor como eje conductor parecen ya ser símbolos del pasado reciente.

Sismólogos sorprendidos por los movimientos telúricos del mundo asegurando que no tienen que ver unos con otros. Científicos escépticos con la vida sintética, pero fundamentando el ateísmo absoluto.

Otros creyentes de un Dios cósmico de armonía y caos.

Sin embargo, el efecto mariposa en lo natural, el genoma, los ciclos, ni la más simple cadena trófica les dice algo a algunos asustados de su ignorancia de la naturaleza y de la misma evidencia que muestra. ¿Qué quiero decir? Lo obvio: todo es un sistema que mantiene el equilibrio del universo.

Nuestra especie llegará invariablemente al exterminio si no ponemos ese equilibrio a guiarnos.

Da lo mismo cuánto avancemos, lo importante es qué haremos con la libertad que nos dan las ciencias.

Sus revoluciones de hoy no son los cambios de antaño. Son giros dramáticos de la cosmovisión guardada por siglos. Dios se nos aleja más mientras más lejos lleguemos con nuestras certezas.

¿Podremos vencer la codicia y el egoísmo para pasar al desarrollo sin destruirnos en el proceso del postcrecimiento de nuestras sociedades? ¿Puede la verdad de la ciencia sostenernos éticamente como la verdad de Dios? ¿Puede la ausencia del temor y respeto a un Dios transformar el sentido del amor en un factor ideológico y por tal sustituible? ¿Serán esas propias virtudes que los materialistas creen las que nos llevarán más lejos y a la aniquilación? ¿Algún día vamos a llegar a lo que entendemos por alma?

La Nación Por Orlando Alfonso Olave

lanacion.cl/

domingo, 28 de junio de 2009

Un mundo con nuevos liderazgos

Entrevista con Bill Green, CEO global de Accenture
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El CEO mundial de Accenture afirmó que en algunos lugares del planeta se verá la emergencia de nuevos líderes económicos y que observa un gran potencial en la combinación de la Argentina y Brasil, en América latina.
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-¿Cambiarán los liderazgos?
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-En algunos lugares del planeta emergerán nuevos líderes.
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Cuando veo la combinación de la Argentina con Brasil, observo un tremendo potencial como líderes económicos en América latina.
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En el mundo empresarial, los líderes de la última generación no serán los líderes de la próxima.
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La oportunidad de crear una economía fuerte de servicios es profunda, porque se tiene gente con talento, infraestructura, hay muchas ventajas que no fueron reconocidas en el pasado.
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-¿Qué puede hacer la Argentina desde el Gobierno para aprovechar las oportunidades?
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-La exportación de servicios es una tremenda oportunidad para crear empleo.
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La mejor forma que tiene el Gobierno de ayudar es la creación del trabajo, pero también la comunicación al mundo de que el país está listo.
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En la India era un tema número uno en la agenda.
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Este es el verdadero desafío.
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También, claro, vienen después otras cosas, como subsidios o rebajas impositivas.
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-Pero la exportación de servicios se vio afectada por esta crisis...
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-El crecimiento bajó, pero sigue siendo positivo.
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Aquí creció un 10% desde principios de año, pero veníamos creciendo antes un 25 por ciento.
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Tomábamos 150 personas por mes; ahora, 100.
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Florencia Donovan y Carlos Manzoni
La Nacion